lunes, 30 de noviembre de 2015

El culto a los muertos en la Meseta Purépecha  Los fallecidos se convierten en seres a los que se les ofrecen honores y manjares.  •  Uruapan, Michoacán.- En la Meseta Purépecha el culto a los muertos es una ceremonia que sirve para que los que todavía habitan este mundo se pongan en contacto con quienes ya se fueron. Los fallecidos se convierten en seres a los que se les ofrecen honores y manjares. Las ceremonias se dividen en dos. Hay un protocolo para quienes dejaron recientemente esta dimensión y otro diferente para quienes ya cumplieron un año o más de haber fallecido. Los rituales mortuorios en el territorio de la gente phoré se realizan en las casas que habitaron los finados o donde sus familiares residen y aunque comparten características similares, de acuerdo a la comunidad de la que se trate, existen variantes que convierten los días de muertos en rituales coloridos y deslumbrantes que son muestra del espíritu filosófico y estético de la etnia más importante de Michoacán. La profesora Silvia Huanosto Mercado, quien se desempeña como delegada de la Secretaría de Turismo del Estado, a lo largo de los años y mediante investigaciones de campo se ha vuelto una experta en toda clase de ceremonias y fiestas de la entidad, y sobre todo de la región. Sobre el culto a los finados, relató cuáles son los detalles en la comunidad de Charapan, en el municipio del mismo nombre, en la de San Ángel Zurumucapio, del municipio de Ziracuaretiro y la de Angahuan, del municipio de Uruapan. Cruces gigantes en Charapan Una ceremonia poco conocida, que comienza desde el 31 de octubre se realiza en Charapan, cuando se hace la repartición de velas para los altares de los niños y da inicio la elaboración de cruces, la cual “es una magnífica oportunidad para conocer la habilidad de los artesanos tan valiosos que tiene esta comunidad”. Relató que “afuera de las casas donde hubo un muerto nuevo (una persona que falleció entre noviembre del año pasado y fines de octubre del año actual), se ponen a tallar los grandes maderos. A veces en formas caprichosas y otras con símbolos de la pasión de Cristo, con la corona, con flores o cordones franciscanos y es muy bonito ver desde el inicio, cuando traen la madera, hasta que terminan de elaborar la cruz que servirá ese año para otra ceremonia posterior”. Durante los primeros minutos del día primero, Día de Todos los Santos, se “colocan los altares de los niños fallecidos y recogen dichos altares al mediodía del 2 de noviembre. Se reparten las velas y comienza la elaboración de cruces para los altares de los difuntos mayores”. Los altares para los adultos que se colocaron desde la noche anterior, son retirados y con todo y ofrendas posteriormente se llevan al panteón, durante la mañana del día 2, pero a las 12:00 horas, “todos los deudos y familias que elaboraron las cruces toman parte en una misa especial, durante la que se bendicen estas cruces, que algunas veces llegan a medir hasta 3 metros, porque en la elegancia y la distinción de cada una está reflejado el cariño que se le profesaba al difunto. “Las cruces de los niños y las de la gente mayor se llevan al panteón, en donde se colocan las recién elaboradas que servirán como consuelo e identificación de la tumba”. Recordó que las personas pueden visitar las casas de los deudos, convivir con los habitantes y llevar una ofrenda. A cambio la familia anfitriona entrega un presente a los visitantes. Explicó que también se puede participar durante la ceremonia religiosa, que dijo la entrevistada “es una misa espectacular, con la bendición de las cruces que termina en el panteón”. Caballitos enrosados En otro punto de la región phoré, en la comunidad de San Ángel Zurumucapio, en el municipio de Ziracuaretiro, existe una ceremonia que se conoce como la elaboración y enrosamiento del caballito y que demuestra “esa tradicionalidad y esencia que tienen los pueblos purépecha”. Ahí Tata Samuel Maximiliano “elabora los caballitos con el carrizo que saca del río y tiene la precaución de preguntar cuántos muertos hubo en ese año y junto con los hombres de su familia corta el carrizo, elabora el caballito y lo entrega antes del día primero, cuando se trata de niños y el día primero en la tarde cuando es el caso de los muertos mayores”. Explicó que “la elaboración le corresponde a los hombres y se reúne toda la familia en la casa. Los varones realizan el enrosamiento del caballito al que le ponen toda clase de flores, simulando orejas, ojos, nariz, boca, patas y colita. “Mientras tanto, las mujeres permanecen en la cocina, elaborando una cena suculenta para todos aquellos familiares que fueron a enrosar el caballito, el cual toda la noche se vela. “En el patio principal, junto al caballito enrosado se colocan las pertenencias de los difuntos y al otro día con música se lleva dicho caballito al panteón y en el Camposanto se reparte toda la fruta que le fue colocada al animalito de carrizo”. Refirió que esta tradición también se realiza en la comunidad de Angahuan, del municipio de Uruapan.

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